"Y no obstante, el pueblo de la Luisiana continúa esperando é insistiendo en que se retire la fuerza federal, hasta que un dia lo logra; y tras del último soldado de la Federacion que sale de Orleans, marcha Packard, con la cabeza inclinada sobre el pecho, y con su saco de viaje vacío...... aquella poblacion tan circunspecta durante la lucha como despues del triunfo, aguarda generosa hasta que deje de oirse el ruido de los tambores y pífanos de los regimientos que se alejan, para entregarse en brazos de la libertad, á todas las expansiones de un noble orgullo y de un inmenso júbilo!
"Tal fué el término de aquel conflicto. Los republicanos, en su despecho, acusaron á Hayes de ingrato. No sé hasta dónde pueda ser justo este cargo; pero debe decirse en obsequio de la verdad, que la situacion era ya insostenible, y que el presidente no podia, sin exponerse á perder su puesto, continuar manteniendo á Packard en el suyo. Más aún; á aquel le ha sido preciso, para ganarse la mayoría parlamentaria, ó neutralizar por lo ménos su hostilidad, adoptar un sistema de transacciones con el partido demócrata, segun lo he dicho ya, y el cual no se reduce solo á abrir camino en la administracion federal á algunas de las aspiraciones de ese partido, y á modificar sus relaciones entre los poderes generales y los Estados del Sur, sino que afecta tambien á la política exterior."
Solia interrumpir la monotonía de nuestra vida en la casa de Mad. Belloc, la llegada de viajeros, algunos de ellos mexicanos, y las visitas de nuestros amigos.
Entre los primeros, nos fué muy agradable la permanencia en nuestra morada de Enrique Mejía, caballeroso y servicial como todos le conocen, y su señora, americana, hija de una distinguida familia, y que tiene por México verdadera pasion.
Dos de las Sritas. Juarez y Benito, se alojaron en nuestro Bording, y yo tuve las satisfacciones consiguientes al trato de personas cuyas virtudes y finura he admirado siempre, y á quienes amo tiernamente por verlas dignas de su heróico padre.
Entre las visitas nos favoreció Jorge la Serna, hombre á quien sus padecimientos tenian en grande extremo de postracion; pero conservando entre las ruinas de su salud el tipo generoso, simpático é inteligentísimo, á quien habia visto en mis tempranos años como gala y ornamento de la buena sociedad veracruzana.
Una noche me presentó Joaquin Alcalde, que era incansable en bondades para conmigo, á un caballero jóven y garrido, pero taciturno y de palabra breve y apasionada.
El Sr. G***, rico negociante español establecido en las cercanías de Orleans, habia presenciado el terrible incendio de Southern-Hotel, en San Luis Missouri, acaecido el 11 de Abril, y que tenia consternada á toda la Luisiana.
El Southern-Hotel es el mismo en que estuvimos á nuestro paso por Missouri, y ya recordarán nuestros lectores sus seis pisos, sus salones régios, el pavimiento de mármol, la techumbre y cúpula de cristales de su patio, y el conjunto que justificaba su costo de un millon quinientos mil pesos, inclusives doscientos mil pesos, precio de los muebles.
Alcalde quiso que un testigo presencial me refiriese aquella catástrofe, por ser algo de característicos los grandes incendios en los Estados-Unidos.