"El caer fracciones de muro, los gritos, los ayes de los moribundos, los alaridos de las madres, el llorar de los niños, la súplica, la blasfemia, todo lo que tiene el dolor de más desgarrador, imperaba allí.
"Los bomberos ponian sus escalas, pero eran insuficientes; unos se colgaban y se estrellaban el cráneo; los otros arrojaban cordeles, que no llegaban, ó si llegaban, se emprendian descensos riesgosísimos de los que sin embargo salvaron algunos.
"La distinguida actriz Katty-Clarton, que ya habia salvado de otros atroces incendios, tuvo bastante sangre fria, ántes que se hubieran destruido las escaleras, para empapar en agua varias toallas y sábanas, envolverse en ellas, precipitarse en las llamas, correr, rodar y llegar á la calle ardiendo y maltratada, pero sin lesion alguna.
"Otro individuo desgarró las sábanas, hizo con ellas fuertísimas cuerdas; se descolgó por aquellas alturas de cuarenta varas; pero tocó la extremidad de sus cuerdas.... y aun estaba como á sesenta piés sobre el abismo.... hizo esfuerzos inauditos, no habia modo de ascender, el hilo que le sostenia comenzaba á quemarse, sus brazos se rendian; convulso y retorciéndose al cabo de la cuerda, se persuadió sin duda de su muerte inevitable.... hizo un esfuerzo supremo, despues echó hácia atrás la cabeza con gesto horrible.... y se soltó, despedazándose sobre las piedras....
"El dia que lucia en los cielos no se atrevió á penetrar en aquel teatro de horrores, donde, de entre montones de escombros y cenizas, estuvieron extrayendo varios dias multitud de cadáveres."
Formalizóse al fin la partida de Alcalde, de mi compañero, de uno de los que habia tenido para conmigo las finezas de amigo, la ternura de hijo y la abnegacion de favorecedor. Una comision nuestra, que para él era costoso sacrificio, le urgió á tocar en la Habana pasando despues á México.
Lancaster, como siempre que lo asalta el spleen, se encerró en su cuarto; Gomez del Palacio y yo acompañamos á nuestro amigo al vapor, que salia á las ocho de la noche.
Nosotros tres íbamos con frecuencia á la Levée, es decir, á aquel mismo lugar á recibir ó despedirnos de nuestros amigos de México.
Esa noche el muelle estaba silencioso, los navíos parecian dormidos sobre las aguas; del lado opuesto del rio se veian los farolillos de algunas embarcaciones y se oian los cantos lejanos de los marineros despiertos.