Era la mañana nublada y triste; mi cama estaba en desórden; ardia la luz amarilla, compañera de mi desvelo y como materializacion de mi alma.... el amago de muerte estaba como un cadáver entre mi hijo y yo..............


Cuando alcé los ojos.... estaba en los brazos de José Iglesias Calderon, jóven lleno de virtudes, y á quien, como á todos los hijos de Iglesias, amo como á mis hijos......

El primer dia negro de mi residencia en la expatriacion, cayó sobre mí; la soledad se me apareció en el extranjero; la luz era como un inmenso paño mortuorio; el sol como un cráneo.... mi alma quedó como velando, en la solemnidad del abandono, mi cadáver..........


A los pocos dias de la partida de mi amado hijo Francisco, de José Iglesias Calderon y de Alvarez, la bulla y la algazara de la calle me hicieron trepar á las altas regiones de mi ventana, desde donde distinguia obtuso y sesgo un lienzo de la calle del Canal.

Gentío inmenso, tropas vestidas de un verde chillante, músicas militares, caballos, estandartes, ramos, listones y banderas verdes.... Era el 18 de Marzo: los irlandeses celebraban á San Patricio, su Santo Apóstol, el iniciador de su civilizacion; hacian patria y daban rienda suelta á las más puras reminiscencias de sus corazones.

La procesion fué larguísima: caballeros de sombreros montados, formando descubierta; carruajes y caballos en interminables hileras, y en alto banderas verdes con las estrellas de plata y los ocho rayos simbólicos, arpas bordadas y borlas y cordones lujosísimos. Verdegueaba como un campo fértil andando, aquella procesion.

Segun me pareció, dividíase en secciones la procesion: cada una de ellas con su música y sus distintivos especiales, para distintas compañías de beneficencia, socorro, apagar incendios, etc., etc.