El sabio mi conocido, dando sorbos de su brandy coptail, me dijo:
—El edificio de la Biblioteca pública, donde llevará á vd. Pii, es de los más espaciosos de la ciudad. Está fabricado de piedra y ladrillo, de estilo romanesco, á prueba de fuego, y puede contener 300,000 volúmenes: ahora solo cuenta 72,000. Las otras bibliotecas son en el órden que sigue:
| Mercantil de los jóvenes | 37,000 |
| La ley | 7,600 |
| Instituto mecánico | 6,500 |
| Sociedad filosófica é histórica | 4,500 |
Esta Sociedad tiene ademas 12,000 volúmenes de folletos.
No hay galería pública de artes en Cincinatti, continuó el caballero; pero las colecciones privadas son muy numerosas y de valor, especialmente las de Henry Probasco y José Longworth á quienes tendré el gusto de presentar á vd. Vd. verá con cuántas atenciones reciben á sus visitantes.
Hablaba el caballero con suma complacencia, cuando volvió Pii con las bolsas llenas de excelentes peras, de las que traia una en la mano, á la que habia aplicado sendos mordiscos.
—Allons, me dijo Pii.... hizo tres cariños al sabio, que quedó muy contento, y seguimos caminando, no obstante que, aunque aplacada la lluvia, escurrian agua todos los pliegues de mi ropa.
Dando vueltas y revueltas, mi cicerone, que al fin me cayó en gracia, dejándome á cada paso con la palabra en la boca por seguir á una muchacha ó decir cuatro palabritas á un amigo, me paró frente á un templo magnífico de piedra azul y de purísimo estilo griego.
—Esta es la Catedral de San Pedro, me dijo Pii: esas diez columnas que sostienen el pórtico son de mármol.
Penetramos al interior del templo.