—Esto sí es magnífico! clamaba yo. A este estilo creo le llaman Elizabeth.

—Con razon: es el Gran Teatro de la Opera, con espacio para dos mil personas. ¿Vd. quiere un coptail?

—Despues lo tomaremos.

—Hay otros teatros muy hermosos: Wood Robinson, el Nacional, Mussic Hall, Melodeon, etc.—Vea vd.! linda muchacha! va en pos de un amigo mio, está apasionada: el maldito no le hace caso.—¿Quiere vd. un buen tabaco?—Espéreme vd. un poco.

Y saltó aquel maldito por en medio de la calle, trayendo á remolque un viejo alto de gran leviton y sorbete blanco.

—Aquí tiene vd. un sabio: tomaremos con él una copa. El señor es mexicano: sean vdes. amigos.

Y el truhan aquel era tan servicial y tan fino, que el caballero lo seguia sonriendo, y nos instaló en un bar-room.

—Vamos, hable vd. al señor, con ese garbo y esa gracia que le ha dado Dios, de nuestras bibliotecas y de todo lo que sepa, porque quiero que el señor quede contento.

—Pii, te buscan, dijo una voz, y Pii salió á una averiguacion con unas muchachas preciosísimas.