"Las personas que habian visitado Claveland, se deshacian en elogios de sus teatros, entre los que se mencionan el de la Opera, el Aleman y el Cómico, de sus salones de lectura y de la estacion del ferrocarril."

Nuestro amigo el ingeniero nos habló de las obras hidráulicas (Watter Works), que se hallan al Oeste del rio.

"Por medio de un túnel de seis mil piés bajo el lago, se obtiene agua para que se lleve á un gran estanque, con dos poderosas máquinas de vapor, para distribuirla en la ciudad: ese estanque constituye un paseo delicioso."

El español nos habló con calor de las iglesias, de los establecimientos de caridad y especialmente del hospital de marina.

Este individualismo que se echa tan en cara al americano, que nos hace decir que no existen vínculos sociales y que hacen temer á los que hemos tenido otra educacion, que cualquier estremecimiento profundo romperá los vínculos de la union, despedazando la nacionalidad americana; en la práctica, robustece la vida del hogar, desarrolla los elementos locales, emancipa y convierte en mayores de edad á los pueblos más insignificantes.

Entre nosotros, el pueblo vive del mineral ó de la hacienda; ésta se comunica con la ciudad de un modo enfermizo y como incompleto, y la plenitud de la vida civilizada está en México. El hacendado, el político de aldea, el literato, quieren vivir y radicarse en México, y la vida de la corte arranca inteligencias y capitales de los pueblos que presentan aspecto de barbarie, donde el comercio y las minas no le comunican esa robustez individual.

En el sistema federativo se ve más patentemente esa aberracion: hace tiempo pidió un diputado subvencion para un pozo artesiano; á poco pidió otro libertad de derechos para la introduccion de unos faroles; luego para la lámpara de un teatro, y por último, para el barandal de un balcon. Y qué dignidad, y qué independencia, y qué soberanía pueden reclamar pueblos que ni pueden beber, ni alumbrarse, ni caminar, si no les da la mano esta especie de papá Bodó, que se llama gobierno general?....

En la tarde del 3 de Mayo tocábamos en Búffalo, tercera ciudad, por su tamaño, del Estado de Nueva-York, y cabecera del rio Niágara. La ciudad, dice la guía que llevaba en la mano, tiene un frente que puede calcularse en cerca de cinco millas, la mitad del cual da sobre el lago y la otra sobre el rio Niágara. Su comercio es muy vasto; así como su posicion, al pié de la magnífica cadena de lagos, la hace el depósito de una gran parte del tráfico entre el Este y el gran Noroeste. Durante el año de 1873, el número de buques que entraron y se despacharon, fué el de 10,303 con 4.678,058 toneladas. La cervecería es uno de los primeros ramos de riqueza.

Búffalo se estableció en 1801: en 1812 era un puesto militar importante: los ingleses lo incendiaron en 1814: en 1832 se declaró ciudad: hoy cuenta 134,573 habitantes.