EN EL NIÁGARA.

¡Silencio! el infinito! el infinito!

Te miro al fin aquí, y átomo débil

Ante este golfo hirviente,

Donde mil ecos con tu voz resuenan,

Do tu mirada omnipotente brilla,

Reverente se dobla mi rodilla

Y al polvo pego mi altanera frente!

¡Gran Dios! gran Dios! desprende de mi seno

Un cántico sublime,