Tiende los brazos y te sigue amante;

Parece que á desviarte del destino

A tí se acerca temerario el pino,

Y al verte despeñar, su voz que gime

Se une al acento de tu voz sublime.

¡Ay! este es el espanto, es el suicidio

De la corriente, el delirar tremendo

Que se agita entre aullidos y terrores;

Que lucha, sus tendones retorciendo,

Y que esperanzas, ilusion, fulgores,