Ecos de vanidad y de mentira.
Silencio! y hable Dios: él es tu canto,
Y son tus aguas su sublime coro:
Los mil recuerdos en que tierno adoro,
Niágara, te consagro con mi llanto!
Guillermo Prieto.
Mayo 4 de 1877.
Eran las últimas horas del dia: con la luz del crepúsculo muriendo en los claros del distante horizonte, cobró el paisaje una majestad melancólica y sublime que embriagaba el alma con el infinito del amor y el ensueño.
Recorrí al paso, mejor dicho, ví las otras islas que llevan el nombre de "Las tres Hermanas" y otras, y regresé al hotel, rendido de sentir.
Recogido en mi cuarto, abrí mi cartera, y yo mismo me reí de las apuntaciones que hice frente á la "Herradura;" apuntaciones que son la prosa más pedestre que pude hallarme, á fuerza de buscar exactitud. Tiene la palabra mi prosaica cartera: