Es decir, más de ciento ocho millones de pesos dan aliento y aseguran la vida y la opulencia de Orleans.

En ese lado del rio, en contacto con el buque, se afianzan las ramblas para la carga y descarga, se inspecciona, se pesa, se mide, se contrata y tienen sus divisiones los muelles, que perciben los comerciantes con tino certero.

Todos los trages, todos los idiomas, todos los gestos, todos los aciertos y los disparates de la conformacion humana, se encuentran en aquellos lugares; venciendo á la máquina del bote, y á la locomotora, y á la tempestad, la algazara del negro que parece que se va á desgajar en canal, al estallido de sus desvergüenzas y de sus carcajadas.

Siguiendo la frontera de la calle del Canal, nos espía la calle Chartres, la de Royal con mayor compostura, con sus frecuentes bar-rooms, los morillos de las barberías pintados con listas blancas, azules y encarnadas, los escaparates de las floristas y los grandes cristales en que librerías, dulcerías, y restaurants, exponen, ya los primores literarios, ya las golosinas más provocativas, ya jamones suculentos, con su azúcar quemada como maque, ya pavos ceremoniosos, como cualquier enviado diplomático, con su cogollo de lechuga en el pico, y su polvo de yema de huevo tendido á su espalda, como un manto de oro.

En lontananza, bajo sombríos tejados, se ven charcos y hundiciones, suciedad y destruccion, en medio de casas elegantes, de templos magníficos y bellísimos jardines. Lo que para mí era insoportable, era ese caño al descubierto que corre pegado á las banquetas, de uno y otro lado de las calles. En el barrio frances, esas fajas inmundas son pestilentes y asquerosas sobre toda ponderacion.

Yendo por toda la calle de la Levé, en dificilísimo tránsito, me llevó mi amigo al centro de un extenso cuadrado limitado por altas rejas de fierro, encerrando un bonito jardin con sus calles bien compartidas y delineadas, de menuda arena, y sus árboles formando afectada simetría. Con los ramajes de esos árboles se han formado como toneles, como canastos y otras figuras, recortándolos con tan exquisito cuidado, que más parecen muebles que árboles los que constituyen el ornato de la plaza.

Yo no sé por qué me parece una degradacion de la naturaleza semejante afectacion; se me figuran esos árboles los sopranos de la vegetacion; creo que se les condena á un afeite; como cuando se atusa á un caballo las crines; cuando se rapa medio cuerpo de un perrillo; cuando se ciega á un pato para hacer más sabrosa la carne. Detesto la moda, abomino ese afeminamiento del arbolado, me repugna, me endiabla.

Bajo tales auspicios ví esa plaza, que está como embutida en el cuadrado que forman mercado y almacenes, la Levé y la antigua Catedral: para que fuese ménos grata mi impresion, la estatua de Jackson, que domina la plaza, dista mucho de merecer los parabienes del arte.

Conoció mi querido Trik mi disgusto y me colocó frente á la Catedral, cuyo tipo, netamente español, cuya semejanza con muchas de nuestras iglesias de segundo órden, despertaba mis recuerdos alentando mi curiosidad.

La arquitectura de la Catedral es irregular; se semeja á la fachada de la Piedad ó Atzcapotzalco, pero más ancha y chaparra: tiene dos torres como dos orejas de liebre; en medio un retablo ó campanario, como varias de nuestras iglesias de pueblo; á los lados de la Catedral hay dos alas de edificios con cierto tipo conventual.