Como algunos elegantes de aparato, que hacen alarde de compostura y hasta de riqueza, cuando están en contacto con gente fina, y al alejarse del centro se calan su sombrero ancho, se cantean su jorongo y se confunden con la pelusa, como ellos suelen llamar al populacho.
La avenida de la Levé da idea del poderoso tráfico de esa ciudad riquísima.
Las calles son séries de opulentos almacenes en las cercanías del canal; pero á medida que avanzan, es el barrilaje, y son los fardos, las churlas y botijas, las botas de grasas y las salazones y pescados, oscuridad en que naufraga un pico de gas, luz de dia que muere pálida, entre cajones, pipotes y carnazas, y hombres de cachuchas de pico sesgado, grandes pipas, camisas bambochas, pantalones abajo de los cuadriles y chancletas como hechas de la piel de un sapo despatarrado.
Wagones, ómnibus, carros, plataformas, todo lo rodante, todo lo pujante, todo lo que va y viene, y se vierte, se escurre, se carga ó se rueda, pasa por aquel esófago que absorbe en el rio y sus cercanías, y se desahoga en la calle del Canal.
La avenida de que hablamos, tiene á la derecha casas; á la izquierda, los almacenes descritos, con las puertas bajo un corrido tejado y su banqueta de asfalto eternamente obstruida por tercios, cargadores, vendedores y mujeres destartaladas y elásticas, que ya se embuten, ya se escurren y ya flotan con canastos, pollos y verduras entre el gentío.
La calle, angosta en su principio, con tiendas de modas, almacenes de ropa, sombrererías, zapaterías, etc., se abre y deja ver el rio, con esa ciudad flotante en donde las aguas son calles, los navíos palacios movedizos, los botes como wagones, y que entre un bosque de mástiles y banderas de todas las naciones del globo, hierve, se afana y trabaja, como compendiándose, la humanidad entera, como para dar una muestra de la confraternidad de los mundos antiguo y moderno.
En esa desviacion de la calle, y siguiendo la curva del rio magnífico, que tiene cerca de una legua de anchura en algunos puntos, se extiende un envigado fuerte y compacto de más de cincuenta varas de extension: en varias partes, aquella calzada de madera está amplia y despejada por la parte que da á tierra, y penetran á ella transeuntes, carros y carruajes; del lado del rio toca á las embarcaciones, que á veces llegan á mil ó mil quinientas, y que dejan sospechar el aturdidor, el estupendo movimiento de aquel puerto.
Nueva-Orleans es el emporio del comercio de algodon en el mundo, y además del algodon, exporta azúcar, tabaco, harina, carne de cerdo y algunas insignificantes manufacturas, todo por valor de 93.715,710 pesos.
Las importaciones de café, azúcar, sal, fierro, tejidos y licores, llegaron en 1874, que fueron los datos más recientes que pude procurarme del momento, á 14.533,864 pesos.