Pues como iba yo diciendo, pasaba revista á mi equipo.
Mi camisa estaba como sentada en una silla, con la corbata lista y los brazos cruzados con extraña circunspeccion.
Mis pantalones sobre una silla y con sus piernas medio encogidas, los botines como si fueran á dar su paseo por su cuenta y riesgo, la levita ceremoniosa y echada hácia adelante en el perchero, y el desgoznado sombrero ladeado, picaresco, sobre la bombilla del quinqué.... cuando prévio un recio toque se entró en mi cuarto M. Trick, y no hubo remedio, fuimos á dar un paseo.
En el conjunto de la ciudad se observa que convalece de un mal que ha puesto en peligro su vida, y que la reaparicion de la existencia se verifica entre los estragos de la pasada lucha con la muerte.
Se me figuraba ver un campo con troncos de árbol desnudos de sus hojas, y otros rajados por el rayo, que sin descuajarse la nieve del riguroso invierno, deja ver naciente la verde sementera y como en promesa la abundante cosecha.
Así, en las calles en que el esfuerzo verifica agradables resurecciones, se ve el edificio desmantelado con las puertas y ventanas sin hojas ni cubiertas, con las vigas en que deberian descansar los suelos, como un costillar, y con las paredes con los rastros negros, fantásticos, que ha dejado la llama que expiró sobre aquellos muros, retorciéndose sin alimento.
Se alza una morada voluptuosa como una bailarina de Canova, junto á una ruina, y en el campo contiguo en que crece la yerba, se perciben restos de una opulenta mansion, y pastan los animales con la tranquilidad que en un desierto.
A dos pasos corre una calle magnífica entre los árboles, con todo el bullicio y la alegría de un tráfico fecundo.
Al recorrer la calle del Canal por la frontera del barrio frances, yo sospechaba toda la postracion y decadencia de ese barrio.
Con excepcion de la avenida de la Levé, es decir, la orilla del rio y las tiendas y mercados de ese rumbo, las bocacalles parecian conducir á encrucijadas y vericuetos maltratados.