Este edificio tiene su historia: data su orígen de los tiempos de Guillermo III y de María.
La devoró un incendio; se reedificó en 1778; el año de 1839 sufrió una trasformacion, y la construccion que ves es de 1846.
—Hermoso balaustrado le rodea; ¿y qué papel hace ese cajon pegado al barandal?
—Ese cajon pide limosna; pero no creas que de dinero: pide que los que desechen los periódicos que hayan leido, los dejen en ese cajon para beneficio de los hospitales.
—Así, los enfermos que pueden, leen grátis, dije yo.
—No es precisamente eso, sino que ese papel se vende y produce gruesas sumas.
—Son estos hombres originales. ¿No es este un cementerio?
—Sí lo es, me replicó Francisco; el monumento que estás mirando es de los que murieron aquí, en Nueva-York, prisioneros por la causa de la independencia.
—Allí está el sepulcro de Alejandro Hamilton, uno de los padres de la Constitucion Americana, y grande amigo de Washington.
—Tienes razon, me dijo Francisco. Hamilton sobresale entre los más elevados titanes que hicieron la independencia y constituyeron este pueblo.