—¡Qué alegría! Nueva-York es la metrópoli de los niños y de las mujeres.

Fidel, Fidel, no me quieras hacer impresiones de viaje á la francesa; no quieras juzgar del hombre por la blanca pechera de su camisa que tiene diamantes.

—Francisco, yo no saco consecuencias; digo lo que veo y nada más: por ejemplo, ¿qué quieres? á mí me llaman la atencion hasta los pajaritos que andan descuidados entre la gente, como Pedro por su casa.

—Pues más te admirarias cuando supieras las severas prohibiciones para que se hostilice á esos músicos de la ciudad. ¿Ves esas jaulitas pegadas á los troncos de los árboles? pues son hoteles para que los pájaros se guarezcan del frio y aniden, y eso lo costea el Ayuntamiento ó los particulares.

Sabe más: hace años destruian esos hermosos árboles unos gusanos repugnantes á la vista. Entónces se importaron de Inglaterra más de tres mil pájaros que ingresaron á la ciudad con todos los honores de la policía, y naturalmente crecieron y se propagaron extraordinariamente.

En las calles, en los parques, al rededor de las fuentes y en las banquetas, los gorriones caminan y dan sus saltitos, sin que haya una sola vez que se les hiera, que se les persiga ni moleste.

Muchas veces interrumpen el paso y se les tiene que separar del tránsito agitando el sombrero; la templanza de costumbres que esto revela, el hábito de conservacion, parece ser característico en este pueblo, y acaso sea uno de sus elementos de poderoso desarrollo.

El yankee es altamente subordinado; un renglon en una pared, renglon que supone cierto derecho, es bastante para la conservacion del órden. No se fuma,—Aquí no se pegan papeles,—Guardad silencio, etc., son preceptos que no se quebrantan, que tienen como vigilantes de su observancia á los ciudadanos todos; este hábito del pueblo, como tal, garantiza el respeto á la mujer, la bondad y dulzura con los niños, la veneracion con los viejos y el buen trato á los animales. Repito que el espectáculo de los pajaritos me habló muy alto en favor de la poblacion de Nueva-York.

—Me llama la atencion tambien que no atraviesen por aquí cocineros ni gente de escaleras abajo, carnes y vituallas.