Para completar nuestro paseo, supliqué á mi complaciente amigo me condujese al grande edificio de la calle del Canal, que contiene á la vez, en sus bajos, la oficina de correos, y en los altos, el despacho de la aduana.
Cuando en 1858 visité la obra que estaba para concluirse, en compañía de M. La Serre y de M. Benjamin, eminente orador de los Estados-Unidos, confieso que me sorprendió la magnificencia del edificio.
Entónces parecian tres edificios: el que formaban de madera, andamios y tránsitos, el de granitos y un último que era como una incrustacion hermosísima de mármol con todas las galas de la arquitectura y los primores del bajo relieve.
Recordaba, aunque muy confusamente, una máquina colocada en el que deberia ser patio del edificio, como una asta robustísima de fierro; la máquina tenia sus coyunturas, como un brazo y una mano: cuando era conveniente, se inclinaba la mano desde una inmensa altura, agarraba la piedra enorme ó el objeto, por pesado que fuese, en que se colocaba, y lo subia á la azotea, girando y poniéndola á discrecion del operario.
Recuerdo tambien que no pude contener la manifestacion de mi asombro cuando ví funcionar un ferrocarril cuyos rieles estaban enclavados en la anchura del muro exterior, y que conducia al rededor de él los materiales de la obra. Los conductores corrian muy frescos al borde de aquel precipicio espantoso.
Me parecia que recordaba, del otro lado del rio, fertilísimos campos, alegres y vistosos jardines, y que me repugnó ver á las mujeres con la azada en la mano, espectáculo que al grande Juarez le fué insoportable.
Recuerdo que desde aquella inmensa altura seguí las sinuosidades del rio y me parecia como una C mayúscula colocada así, ∪ con dos cintas en sus extremos, como el ruedo de una gola sobre el pecho de una dama, con los broches sueltos; pero estos recuerdos eran tan confusos, tan mezclados á las fisonomías de Ocampo, de Juarez, de Leon Guzman, Manuel Ruiz y otros, que me parecia que todo lo estaba viendo en un sueño.
M. Trik me habia colocado á la entrada del edificio.
La parte que da al canal está obstruida por piedras y escombros; cuando volví la cara, M. Trik estaba con su "Guía de Nueva-Orleans" abierta, leyéndome: