Pero el dominio del trage negro, su elegancia, el cuidado en el lustre de las botas y en el acicalamiento del sombrero, y el andar precipitado de todo el mundo, son caractéres con que no se contaba, y da cierto aire dominguero y de festin al concurso, muy agradable, pero no extraordinario en cuanto á su fisonomía personal.

Parece por lo dicho, y de un modo tan superficial como lo hago, que no existen los pobres. Los mendigos no ejercen su profesion mostrando llagas ni deformidades; tocan un órgano en el quicio de una puerta, rascan el violin en una plaza, llevan al pecho una tarja escrita, contando la vida de San Alejo, y ponen á su frente un cuartillo de hoja de lata para que allí deje sus centavos el que quiera.

Los tipos de la gente abandonada y viciosa, mas bien que pobre, resaltan por el mismo contraste que forman. Son rostros tostados y rajados por el whiskey, trapos que fueron paletós, sacos y chalecos musgos, llovidos, y de una mugre grasosa sobre la piel, fragmentos de calzado como costras de los piés, sombreros con vahidos, cuellos como de llama, con un aro de lienzo, que es cuello, segun el testimonio único del propietario: esos se suelen acercar pidiendo, pero disimulando, porque la policía tiene ojos de lince.

Donde se puede decir que reside lo característico de la concurrencia de esta ciudad, es en la mujer, que descuella libre y grandiosa, floreciendo como yo no habia visto jamás.

No se trata de prendas morales ni de comparaciones de belleza física; se trata de la elegancia del vestir y la hermosura considerada bajo el punto de vista artístico.

La mujer es alta, sus formas tan correctas y bien repartidas, que se adivina, al través del trage, la perfeccion de líneas y contornos.

El búcaro de alabastro interceptando la luz de la llama, apénas podria dar idea de su blancura, bajo cuya nieve, al deshacerse, sonríen los pétalos de la rosa. El óvalo perfecto del rostro, sobre cuya frente, en cascadas de oro, tiemblan espumas de delicados rizos, tiene cierta elevada fiereza, que subyuga; cae sombreada su mirada por pestañas como aureola de luz, y de sus frescos labios se desprende el reflejo de su dentadura de marfil, como iluminando sus sonrisas. Son grandes las manos, pero artísticas.... No hablo de los piés, porque esos piés no pertenecen al bello sexo.

El trage vulgar de la lady en el paseo que vamos dando, es negro ó de color, pero de seda. El talle es perfectísimo, se pinta casi al frente el vestido, se recoge hácia atrás, cae en burbujas de lienzo y como chorro, extendiéndose en amplia cauda que arrastra en el suelo.

El cuello, envidia del cisne, surge como un tallo de marfil por sobre borbotones de blondas leves como espuma; aretes y cadenillas bajan entre los rizos á esconderse en el seno, y remata el adorno en un milagro de peinado, con sombrerillo ó gorro con encajes, plumas y flores deliciosas.