Acaso son exageradas estas consideraciones; acaso la sublevacion de mi razon y de mis nervios me hace injusto; pero yo, en mi vida, me habia sentido más sucio de alma y más despreciable, que en el espectáculo de boxeadores.

Acabó la funcion y los cables del circo se convirtieron en barandilla de tribuna en que se anunció la más cumplida diversion para la semana próxima, premios y recompensas á los vencedores, sin permitirse guante acolchado.

—¿Cómo tienen cara estos hombres de censurar las corridas de toros? decia uno de nuestros compañeros al salir de la diversion.

La preocupacion de los animales de figura humana á quienes ví combatiendo, me tenia taciturno, no obstante que el estrépito que habia en mi alrededor en la calle de Broadway era desusado, y más que nunca se ostentaba caudalosa la concurrencia.

Ya he dicho que la parte de banqueta pegada á los edificios en Broadway, es un escalon en que están expuestas las mercancías á granel, y expuestas en tripiés, en bastidores, en nichos, ya levantándose columnas de casimires de cuatro y cinco varas, ya descendiendo de los dinteles de las puertas, como chorros y cortinas de agua musolinas y percales.

Yo ví como anuncios dos colosales espejos formando caballete, y á un americano muy sério componiéndose el cabello y arreglándose la corbata, como en su casa.

Parte de la calle estaba como nunca: habia máquinas de coser moviéndose solas; aros con cadenas y medallones girando sin cesar, cabezas en las peluquerías, que daban vueltas, fuentes pequeñas que corrian tras los cristales de las fondas, y cilindros y cajas de música enviando á los transeuntes las notas de Offembach y de Lecoq, como desesperadas de que nadie les hiciese caso: la concurrencia corria como para verse enamorada de sí misma.

Yo no sé propiamente por qué ni con qué fundamento me habia figurado en los Estados-Unidos un tipo único: el tipo del yankee; es decir, rubio, delgado, fornido, de largas piernas y colgantes brazos, con sus mejillas escarlatas, su sombrero como de trapo, y sus piés anunciando su personalidad, con cinco minutos de anticipacion, al cuerpo del individuo.

Ese tipo arbitrario que nos hemos formado con la vista de los carreteros y gente ordinaria que viaja por nuestro país, casi no existe en la parte central de la ciudad.

Por el contrario, muchos hombres de tez morena, de cuerpo mediano, de pobladas barbas negras y de tipo latino, destruyen aquella caprichosa creacion.