Domina la plaza la estatua ecuestre de Washington, muy inferior, bajo el punto de vista artístico, á nuestra estatua de Cárlos IV; tiene 14 piés de altura la figura ecuestre, y todo el monumento 29: al extremo opuesto, y sin simetría, está la estatua de Lincoln y en medio la de Lafayette.

Como asistentes, ó haciendo los honores á la gran plaza, compiten arrogantes, levantándose, grandiosos edificios de ladrillo, piedra, mármol, fierro y cristales.

Por una parte, se descubre el edificio en que se venden los célebres pianos, tan apreciados en México, de Stenway é hijos, y la gran sala de música construida bajo las mejores reglas acústicas.

Junto á una iglesia desairada, aunque de construccion reciente, está el Hipódromo, teatro de los ejercicios ecuestres, en otro tiempo de gimnásticos distinguidos.

Los grandes Hoteles de Everett y otros, están al Norte y como brindando á la plaza sus obsequios, en competencia con la célebre fonda de Delmónico; y por fin, al Oeste, en un extremo, se ve un edificio negro con filetes de oro en sus columnas, ventanas y cornisas del primer piso, que tiene cristales de cinco y seis varas, gruesos como paredes diáfanas.

Ese edificio es la célebre joyería de Tifany y C.ª de Paris, que ocupa el lugar donde ántes estaba la iglesia Puritana del Dr. Cheever.

La joyería tiene cinco pisos, y en cada uno de ellos nos sorprende con nuevas invenciones el lujo, y con más inesperados caprichos la naturaleza y el arte. No seria exagerado decir, que lo que abarca la simple vista puede importar sobre cinco millones de pesos.

Sentéme con Francisco frente á los árboles.

—Ve, me decia, la falta de buen gusto que se echa en cara, exagerando á veces, á los americanos.

Esos edificios son altísimos, y no de palo sino de cantería, de mármol y de fierro; pero mira qué angostos y espichados; las ventanas, así colocadas, les dan aspecto de troje: esa es la arquitectura del palomar.