Mira esos dos edificios amarillos como dos dominós; uno, sin embargo, es el Hotel Everett.

—No despiertan ideas de casa, son como muebles, parece que se van á trasportar, parecen roperos, son como un hombre forrado en un lienzo de cuadros; por eso los costados son impasables.

LIT. H. IRIARTE, MEXICO
El Niágara.

No hay proporciones de altura y anchura, no la balconería saliente, no la cornisa, no la azotea que la corona; no hay fachadas, hay forro; no se trata de edificios, sino de estuches colosales, de amontonamiento de piezas.

—Es cierto; pero esos otros edificios no están en el mismo caso, me decia Francisco con su imperturbable buen sentido: allí está la columna y el ancho espacio de la ventana, el balcon y el pórtico.

—Verdad, insistia yo; pero esas son excepciones: en esta calle, como en otras, y siempre la parte alta, es el palomar y el granero.

Muchos de esos balcones son como cenefas, como balaustradas, no tiene con ellos que ver la gente, y esos claros son el nicho. Ahora, niega que ese Lincoln parece un acólito; que ese caballo de Washington tiene un cuello como un contrabajo y que ese Lafayette parece un peluquero que va de prisa á su negocio.... y esa estatua es de Bartolli.

—No te apasiones; tienes razon en cuanto á que deberia haberse cuidado de la forma; pero estas estatuas contienen grandes enseñanzas y profundas miras, miéntras que, ¿qué es lo que representa como enseñanza nuestra magnífica estatua ecuestre? A Cárlos IV ménos digno de la estatua que su caballo, y más paciente que un buey.

Yo no me canso de admirar á Washington y olvido los defectos de su estatua.