Las civilizaciones antiguas, acaso por reminiscencias de la India y de la Grecia, pero caracterizándose en la romana, crearon dos entidades diferentes, mejor dicho, antagónicas de los pueblos y los gobiernos; hicieron incompatibles sus intereses, y no hubo sino pobres y ricos, nobles y plebeyos, oprimidos y opresores.
Para la creencia el sacerdote; para la accion el funcionario; para la defensa el soldado, que no son sino mutilaciones de la personalidad. Washington reintegró al hombre en sus derechos y engendró el sentimiento eterno de la libertad, que no es, en último resultado, mas que la glorificacion del derecho.
El Gobierno, segun ese redentor de las naciones, no es sino una fraccion del pueblo encargado del órden; no fabrica felicidad, no construye moldes para sabios, ni para directores de escena; pone sencillamente las condiciones para el desarrollo de los pueblos. Mata la explotacion del hombre, rompe los mostradores y las vendutas de falso patriotismo, y las drogas políticas y religiosas de todos los embaucadores.
Segun el sistema antiguo: la tutoría, el escarmiento, la lucha de vencedores y vencidos. No cabe medio: domina el elemento popular encendiendo la guerra en el Gobierno, se exalta éste á expensas de las libertades públicas. El motin, la guerra. El farsante que se llama héroe, el cómico que se atavía con los arreos de vengador de los pueblos. Sistema de Washington: el amor y la paz.
—Tienes razon, Francisco; pero eso está en la raza ó en la educacion: yo por eso no concibo un Washington frances, ni italiano, ni español.
—Cumple Washington un deber, como una funcion natural, lo mismo victorioso en Boston, que retirándose entre las nieves del Delaware.
En medio de sus tropas, cuando más necesidad habria tenido otro hombre de prestigio, le pide el Congreso cuentas de los caudales públicos, y él descubre su cabeza, y obedece hasta hacer perceptible la inversion del último centavo. Rehusa toda recompensa; y el franqueo de su correspondencia, que no valdria un peso por semana, acepta como premio de sus servicios.
En cuanto al tipo del hombre: niño, le sorprenden en un juego en que rompe un arbusto y se confiesa culpable, desafiando la cólera paterna ántes que mentir.
Anciano, torna victorioso de sus campañas, aclamado padre del pueblo; deja á distancia las tropas para dirigirse á su santa madre, y en la larga conferencia, ni una sola palabra se habla, ni de las hazañas, ni de la posicion política del héroe.
Observa perfectamente Bastiat lo que tienen que influir en el mundo los recuerdos de la gloria romana y los caractéres de la idea democrática: á los unos pertenece la holganza de las clases, el estrépito de las conquistas, la ostentacion de la fuerza, el carácter épico de los héroes: á los otros conviene la paz, el trabajo, la desaparicion de las conveniencias personales para que la ley impere: el respeto al derecho en todo y para todo. Tal es Washington.