Tomé mis medidas de modo que no se me pudiera escabullir, porque se trata de un hombre extraordinariamente ocupado.

A la oracion, calle de Camp, redaccion del Picayune.... Era la hora.... Fidelillo.... vamos allá....

Crucé la calle, anduve algunos pasos; un hervidero de muchachos que salian saltando con sus Picayunes escurriendo agua, fueron mi mejor aviso.... Atravesé por entre la turba de desastrados muchachos, pregunté en el mostrador.... un gestudo, sin distraerse de su quehacer, me dijo: up star, es decir, arriba, y me embebí en una escalerilla lateral, volada como franja de pantalon, y tan angosta que podria guardarse en el cañon de una escopeta.

Como de costumbre, me perdi: subí al quinto cielo, me hallé con un mundo de prensas, descendí más, y eran peines y componedores: abrí una portezuela que bien habria podido fungir de tapon ó de válvula en cualquier país civilizado, y héme de rondon en medio de mesas como de billar, con papeles, tinteros, libros abiertos y todas las señales de una actividad febril.

VIAJE DE FIDEL
LIT. H. IRIARTE, MEXICO
Calle del Canal. N. Orleans.

Cada quien estaba á su negocio, y las secciones de trabajo se hallan perfectamente caracterizadas.

Aquí, papeles en todos los idiomas; más allá disputas sobre mejoras materiales ó cuestiones científicas; aquel chico despabilado y elegante, con cómicos, danzantes y corredores de caballos; y acá los políticos, los comentarios de los actos del gobierno, las noticias de sensacion.

En una esquina de aquella mesa habia un anciano de cabello hirsuto; mejor dicho, de una explosion de blancos cabellos sobre su frente calzada y llena de surcos: ceja tendida, ojos pequeños, una máscara de cabello por barba, burdo paletó.... aspecto rudo.

Aquel anciano discutia con uno en español, con otro en frances, con varios en inglés, con el de más adelante en italiano, diestro, sarcástico, pero á todas luces un hombre eminente, que cautiva con su grandeza de carácter y su elocuencia.