Hércules dominando los monstruos; Prometeo robando el fuego al cielo; los argonautas lanzándose á la conquista del vellocino de oro, no valen lo que el alambre de Morse, lo que el vaho de Fulton infundiendo la vida en el pecho de la caldera que palpita en el cuello de la locomotora y en las entrañas del navío.

Las pirámides para los grandes, los monumentos para los héroes, cuando se encomienda la inmortalidad al espacio, al rayo y á los mares. Entónces se dice: "Franklin, Morse, Fulton."

A propósito de Fulton, ¿quién habria de decir que el pintor de retratos de Filadelfia, el loco que queria despues navegar bajo las aguas, fuera el autor de la tremenda revolucion del vapor?

En el rio Este, en 1807, hizo Fulton sus primeras tentativas: este Hudson presenció regocijado la primera excursion del "Clermont" á Albany. Antes la navegacion se hacia en diez y seis dias: Fulton la redujo á treinta y seis horas.

Completemos el paseo: estamos al frente de este mar inmenso de edificios gigantescos que componen la ciudad; que siguen las arboledas, cortejan los parques y hace desaparecer su corriente tras el inmenso cortinaje del Parque Central, que se ve en la bruma dando fondo á una poblacion de torres, pirámides, pórticos, templos y no sé qué de tumulto fantástico, en que hay reverberaciones de cristal, copas de árboles, y como cuerpos y cabezas de gigantes, titanes de extendidos brazos sustentando el telégrafo, fauces de ventiladores y fantásticas formas de molinos.

Descendí de la torre con mil trabajos, y quedé inmóvil para todo el dia.


XXII