El pavimento es de tersas losas; del círculo de la glorieta parten caminos y escaleras; en varias columnas se ven como jaulas de alambre para asilo de los pájaros.
—¿A dónde me llevas? por esta escalera se desciende mucho; tomaremos por ese gran puente que está frente á nosotros.
Descendimos la escalera: el puente formaba techo á espaciosos salones, con altos espejos, mesas de mármol y elegantes columnas.
Atravesamos los salones de refresco y nos hallamos en otra plaza, al borde de una fuente llena de estatuas.
Ya que tantas veces hemos hablado de las fuentes en parques y paseos, diré que muchas de esas fuentes fueron mi encanto; las hay que constituyen verdaderos monumentos, como la llamada del Angel de las aguas, en este Parque. La figura del ángel gigantesco es correcta y airosa; tiene vueltas hácia afuera las palmas de las manos, y por ellas corren impetuosas las aguas, como anudándose, desplegándose y desparramándose en hirvientes chorros.
Otras fuentes de plazas, las más sencillas, me agradaban extraordinariamente; en la boca del tubo horizontal se percibia una especie de piña formada de delgados cañutitos, haciendo su conjunto una espiral; las aguas, al salir, se convierten en polvo y forman un inmenso plumero, una nube, una niebla de plata que oscila con el viento, dándole la luz vivísimos reflejos y revistiéndose frecuentemente de los colores del íris. Aunque á muchas personas he hablado de esto, no ha encontrado favor en México este juego tan sencillo como hermoso y barato.
En algunas fuentes he visto juegos más complicados é igualmente bellos; por ejemplo, ví en Gilmore's un chorro que sustentaba un limon; al desequilibrarse caia, pero caia en una taza dispuesta de manera que hacia subir ese ú otro limon, halagándose la vista con el juego.
Al extremo de la glorieta está el muelle y el tragin del embarque y desembarque para los paseos acuáticos.
—Estos lagos, me decia Francisco, se hielan en el invierno, y aquí y en los otros lucen su habilidad caballeros y ladies, patinando con suma destreza: entónces es el contraste de las risas, los juegos y el contento, entre los esqueletos de los árboles y la mortaja de bruma que oscurece el sol.
Yo no podia moverme, estaba rendido; me sembré bajo un árbol á ver pasar los mil carruajes que atraviesan fantásticos y se pierden rápidos entre los árboles, precipitándose en las hondonadas para reaparecer en las alturas, como arrebatados por el viento sobre las rocas.