Con conocimiento profundo del idioma, con posesion perfecta del espíritu de la literatura de su país y de su época, será juzgado Bryant como poeta: yo solo expondré mis impresiones.
Bryant no inicia, no combate, no lanza su inspiracion en barca atrevida para descubrir los mares desconocidos del ideal; Bryant abre su alma y nos deja conocer un espectáculo como con bosques augustos, con montañas pensativas, con lagos extensos, reflejando los últimos destellos del sol que muere.... y como que revela el infinito.
La lectura de sus versos es como la entrada á una basílica, en que se siente el creyente en contacto con el espíritu de Dios.
La inspiracion es íntima, se revela como el fuego de las entrañas del volcan, por una nubecilla de humo que parece flotar como un velo en el azul purísimo de los cielos.
Todo se engrandece en él, y por la vivificacion de su génio poderoso, el átomo reluce como polvo de oro, y el insecto, como piedra preciosa, cintila bajo la yerbecilla que borda la márgen del arroyo. En sus éxtasis le sonríe y se convierte en maternal la muerte, y en sus creaciones reverbera con luz inefable la majestad del Sér Supremo. Es su corazon una copa de oro cuyo fondo contiene la deliciosa ambrosía de la inmortalidad. Con razon se proclama á Bryant el primer poeta de su patria y uno de los primeros del mundo.
Este es el hombre para los demás.
Yo, me siento enaltecido y como purificado con la contemplacion de su espíritu.
Yo, no tengo voces con que significar mi gratitud á este monarca de la inteligencia, que me concedió generosa hospitalidad cuando estaban abiertas todas mis heridas de desengaño, de desamparo y de miseria.
¡Cómo me presentaba á sus amigos diciendo de mí cosas que se resiste á escribir mi pluma, pero que revelaban su ternura hácia mí! ¡Cómo me refrescaba el ánima cuando mostraba ingénua admiracion por mis pobres versos!