La visita del Sr. Bryant, mejor dicho, mi inesperada iniciacion en la vida íntima de un grande hombre, fué para mi alma un acontecimiento.

Y no porque algo de desusado ó extraordinario sorprendiese mí espíritu; no porque me hiciese revelaciones un talento elevado, sino por la presencia, por el contacto con la sencilla majestad de la virtud.

El interior del alma de este hombre es cristalina, diáfana como el éter de nuestro México en sus serenos dias de primavera.

Tiene algo de infantil aquella palabra, algo de inocente aquella mirada, y tanto de dulzura aquellas costumbres, que enamoran, infundiendo á la vez veneracion.

Sale de su estancia con su sombrerillo de paja, sin apoyarse y desembarazado, cuida por sí las plantas en union del jardinero, las mima y les prodiga cuidados, atraviesa los puentecillos que están sobre los arroyos, y cuando llega al departamento de los animales domésticos, le rodean y le saludan, y les dirige el poeta la palabra, celebrando sus gracias y monerías.

Las gentes que atraviesan por el exterior de la cerca, llevan la mano á sus sombreros, las niñas le saludan y corren á él, en solicitud de su mano y su palabra, y los muchachos juguetones le gritan de léjos y le saludan como á un viejo conocido.

Su existencia corre purísima, y refleja todo lo que el talento tiene de esplendores, todo lo que la ternura tiene de encantos y de aromas, el amor al bien, mecido en las auras de una conciencia imperturbablemente limpia.

En sus relaciones con la vida pública, Bryant está persuadido en lo más íntimo de sus convicciones, de la mision augusta de la prensa.

Cree que ésta es un sacerdocio de progreso y verdad, elevado sobre todas las miserias y sobre todas las pasiones, fijo en los principios de la civilizacion y de la confraternidad universal; así, en las luchas de México con los Estados-Unidos, se ha alistado entre los enemigos de la usurpacion, de la violencia y de ese destino manifiesto, que no es sino la brutal ostentacion de la ley del más fuerte.

Para llenar su mision el grande hombre, jamás ha admitido distincion, ni empleo, ni lucro, que lo desvíe de su carácter de periodista imparcial, así es que el pueblo le ve como una alta personificacion de la virtud y un paladin sublime de la verdad.