Como de esta materia nos hemos de ocupar con repeticion, dejemos por hoy esas apuntaciones.
Como escuela privada preparatoria para carreras científicas, mucho llamó mi atencion el Instituto Charlier, que se encuentra frente al Parque, á un lado de la Sexta Avenida.
Es un edificio de ladrillo, de seis pisos, con su fachada compuesta de columnas y pórticos; en todos los pisos hay fajas de ventanas, que son peculiaridad de las construcciones americanas.
El establecimiento es propiedad de M. Charlier, suizo de nacimiento, que llegó á Nueva-York con la suma de veintisiete pesos, se dedicó con asiduidad al cultivo de la enseñanza, y sus claros talentos y su honradez le procuraron, andando el tiempo, una fortuna de más de un millon de pesos. Mr. Charlier es ministro protestante.
El suizo generoso quiso dar un testimonio de gratitud al suelo que le habia enriquecido, y fundó este establecimiento, costándole el solo edificio 400,000 pesos.
M. Charlier es de cuarenta y cinco á cincuenta años, rubio, entrecano, delgado, anguloso, de continente afable, y de finísimos modales.
El salon de recepcion es lujoso; en él hay botones telegráficos, lo mismo que en el despacho del director, que dan á todos los departamentos.
En los tránsitos de piso á piso hay estantes para la ropa del gimnasio y los baños, para depósito de zapatos, á los que se da lustre, etc.
Los dormitorios consisten en canceles de madera con divisiones verticales, sin pared ni puerta al frente; allí está colocada la cama del niño, á la vista de la pieza del inspector de cada dormitorio.