Ideas que no habian asaltado mi mente, exageraciones de peligros, que al tratarse de mí, ni siquiera habia sospechado, duda sobre la destreza en la espada del que tanto se exponia por la honra de la madre, reproches á mí de no haber asumido los dos lances, todo me asaltó, y me sentia rendido, y era mi suplicio terrible, y mi dolor, sobre todos los dolores que un hombre puede sufrir.

Estaba pegado á un árbol cuyas ramas me cubrian; entre las hojas, ya presentándose claros los objetos, ya medio cubiertos y confusos, seguia las peripecias de la lucha.... si el árbol hubiese presentado una superficie como el papel ó el lienzo, en él hubiera quedado esculpida mi figura.... vertian mis poros mi vida atormentada....

Terminó aquel duelo sin consecuencias sérias.... yo me sentí viejo al separarme de aquel sitio.... y el recuerdo de este duelo pasa sombrío en mi alma.... como si no fuese mia la justicia...."

En esta narracion que presento, no solo descarnada y fria, sino con mil inexactitudes por los muchos años que han trascurrido, conocí la fascinadora, la omnipotente elocuencia de Soulé: el comenzar de su discurso era frio, no hallaba las frases adecuadas por la costumbre que tenia de hablar en inglés: pero una vez poseido de su objeto, una vez imperando altivo su corazon, una vez subyugado por su inspiracion poderosa, se comprendia su poder mágico sobre las masas, y el peso de su palabra en las altas cuestiones á que consagraba su talento.

Alcalde se levantó silencioso de su asiento, y desapareció de mi cuarto.


IV

La cuestion del Sur.—M. de Gayarré.—Xarifa.