Para los hombres concentrados; para esos para quienes el dolor encuentra en sus almas el silencio de la meditacion, las ruinas del desengaño entre el hielo del pasado y la indiferencia por el porvenir, esa visita del splin se pasea como una tempestad sobre un arenal, como cae un rayo en el abismo de las aguas; pero cuando el dolor sorprende nuestro sér; cuando aun viven algunas ilusiones; cuando aun florecen algunos afectos; cuando aspiramos recuerdos en las flores de la tumba y cintilan estrellas en nuestro ocaso, esas invasiones del dolor nos quebrantan; esos relámpagos de desengaño nos deslumbran; ese desamparo estremece nuestros miembros, como las húmedas paredes de un sepulcro en que se nos enterrase vivos.

Yo me amaba con el amor de los que mi gratitud ó mi vanidad me hacian creer que lloraban por mí, los ecos que á mí llegaban hacian vacío en mi espíritu por su extrañeza, el hospedaje de la tierra era como limosna, el aire que llevaba los cantos del ajeno contento, hacia como sombra á mi espíritu para que volasen furtivos mis suspiros.

¡Cómo me sentia doliente y solo, en el desierto de mi alma!

Mis amigos Lancaster y Alcalde, con bondad infinita, me llenaban de noticias, inventaban visitas y excursiones para alentarme, como quien chiquea á un niño, como quien contempla á un padre.

Un domingo, Alcalde me dijo que le acompañase á un negocio al extremo de la ciudad.

No esperó mi respuesta, sino que me encasquetó el sombrero, y cátenme vdes. en vía de diversion.

Hicimos parada á la orilla del lago Ponchartrain.

¡Qué limpias y tendidas aguas! ¡qué risueñas orillas bordadas con los cortinajes que forman los bosques y los caprichosos accidentes de las lejanas colinas!

¡Qué pintorescas barcas de pescadores! ¡y cuántos vaporcillos, faluchos y buquecillos de vapor atravesando con pintorescas poblaciones en sus cubiertas, sus músicas y su aire de contento.