—Las que he visto, me contestó mi amigo, han sido reminiscencias, en las plazas de toros, en los paseos como la Pradera.

—Pues cuando yo era niño, ví una de esas jamaicas en el bosque de Chapultepec, contiguo á la casa de mis padres, como vd. sabe, que dejó en mí recuerdos imperecederos.

Ya vd. recuerda aquella glorieta del fondo del bosque formada de ahuehuetes gigantescos: ¿la recuerda vd. bien? recuerda su bóveda de ramas, de la que cuelga en chorros el heno y que se abre el centro descubriendo la bóveda del cielo? ¿Recuerda vd. las avenidas de esa glorieta con árboles magníficos, como naves de catedrales de indescribible majestad?

Yo todo lo estoy viendo: por entre los claros que dejan esos árboles, se descubre, ya la fábrica pintoresca del molino, ya la arquería de Anzures con los ojos de sus arcos, ya el castillo con su balconería, su jardin, y su conjunto como el castillo que describe el Ariosto, accesible al caballo pálido engendrado por el aire y la llama; ya en un claro al Sur-Este, los volcanes, las serranías de Cuernavaca y de Toluca, y el tropel de palacios derramados entre los árboles en las pintorescas lomas de Tacubaya.

En esa lindísima glorieta se dió la jamaica dirigida por los hombres de buen gusto de la época, como Gonzalez Angulo, Gamboa, Olaguibel, el mayorazgo Guerrero, Tornel, Molinos del Campo y otros cumplidos caballeros.

La variedad de trages y lo selecto de la reunion, se prestaban á combinaciones y matices que no son posibles aquí.

Allí habia fruteras, por supuesto señoritas de la más alta sociedad, con sus armadores de seda, sus enaguas de raso y de blonda; pero remedando á nuestras vendedoras.

Ya un grupo de inditas deliciosas vendian flores, procurando remedar los cuatros y el encogimiento de las Xochiles de Santanita y de Ixtacalco.

Ya bajo un puesto con su desplante aquel, y con su retobeo y su tragin, estaba instalada una fonda para merienda, y las fonderas, cuajadas de perlas y diamantes, servian y regateaban, y hacian su papel como los demás.

Los hombres distinguidos, los pollos, lujo y decoro de los salones, eran allí dulceros, pasteleros, neveros, vendedores de licores.