En una de las escapadas que se dió la niña del regazo materno, pasó tan cerca de mí, que la retuve para hacerle un cariño.
—¿Cuál es tu nombre, mi vida?
—Julita.... para servir á vd.....
—¿Y tu mamá?
—Julia tambien, y papá chico, Federico Miranda.
La señora llamó á la niña, y yo me quedé á oscuras, aunque resuelto á contraer amistad. Ocurrióme, como si fuera lo más natural, valerme de la estafeta ad hoc de la entrada; dirigíme allá, pedí papel, esgrimí el lápiz y sobre la rodilla escribí:
A JULIA.
Gracias mil te debo á tí,
Que halagando al corazon,
Me forjas una ilusion