De la tierra en que nací.
Te quise, desque te ví
En el salon en que brillas
Con tu ángel en las rodillas....
Una voz dijo: "Española."
Yo clamé: "No es una sola
La perla de las Antillas."
Puse mi firma al calce de ese desatinado verso.... cerré la carta, pagué el porte, dí las señas y me quedé á esperar resultas fuera del salon, con la impaciencia y con las inquietudes de un pollo enamorado. Yo habia dado y tomado que se trataba de una señora habanera, y sin más ni más me vino la idea de que habia de tener noticia de mi nombre, lo que era una solemne fatuidad; pero, bueno.... así pasó.... y así lo quiero consignar.
Esperaba con suma inquietud, repito, la respuesta de mi misiva.... cuando ví á la señora salir del salon.... solo falta, dije, que se me aparezca por aquí un marido como un tigre.... y me dé un rato delicioso......
Pero, no, señor; la señorita se dirigió hácia mí con suma amabilidad, y me dijo sin titubear: