Pero el parque lindísimo á que afluyen las avenidas todas, como un receptáculo de muchas aguas, para distribuirse en los muchos muelles que conducen al mar y son como pórticos de la bahía, y el parque contiguo á la batería que le sigue, sin más division que una calle, son bellos de belleza indescribible. Colocado el espectador al extremo y principio á la vez de la calle de Broadway, se encuentra al frente de un inspirado panorama. A su frente, y por entre las tupidas ramas de los árboles, se perciben las grandes calzadas con sus orlas de asientos y los prados en que los niños juegan, entre el tragin de carros, ómnibus y wagones. Si levanta la vista el espectador, casi le espanta ver atravesar fantásticos, perderse entre las copas de los árboles y desaparecer, los trenes del ferrocarril elevado sobre sus arcos, por donde cruzan los carruajes y entre cuyos ojos se descubre el mar con sus navíos, su bosque de mástiles, sus mil banderas agitándose, como si fueran congregadas á un festin divino todas las naciones del globo.
El rodar de los trenes y carros, los mugidos del vapor, los gritos del hombre, las explosiones de alegría del niño, todo se escucha, y se ve un todo en que los colores y las formas, y la luz, y el aire, se funden para producir sensaciones desconocidas é inexplicables.
Y aquella sensacion la nutrimos, porque vive en nosotros y nosotros vivimos de ella en comunion deliciosa, como se agita la última hoja del árbol con una brisa pura, como se refrigera el último de nuestros poros en un baño voluptuoso.
Castle Garden está ceñido de una pared exterior como una faja. Su entrada ve al Este.
Atravesamos un patio estrecho, penetramos por encrucijadas y salones en que habia gente escribiendo, y desde una puerta que da á una empinada escalera, pudimos abrazar la inmensa sala circular, cuyo exterior llama tanto la atencion del viajero.
El salon tiene el aspecto de una inmensa plaza de gallos, sin circo ó estadio en el centro. Al Oriente y al Occidente hay puertas: la una da á los parques por donde llegamos; la otra al muelle en que desembarcan los emigrantes y tiene al lado las oficinas de la Aduana.
Al frente de la comunicacion de tierra hay oficinas telegráficas y de despachos de ferrocarriles, unidas á un gran mostrador de muchas varas en forma de martillo, que es el despacho de los emigrantes. Frente al mostrador hay una cantina y á su inmediacion bancas.
Cruzan las alturas las cañerías del gas. El muelle es un tablado que toca en las olas, bajo una sombra de lona que protege á los empleados y á los amigos de los viajeros. Estos, á su entrada al edificio, toman á la izquierda y la puerta se cierra, quedando como toril la parte interior del edificio, y sin comunicacion los que están con los que llegan, hasta que no han llenado todas las formalidades del desembarque.
Yo me quedé mucho tiempo en el muelle, esperando la llegada de unos Mormones. Era de verse y trabar conocimiento con esos chicos, á quienes toca la fortuna ó desdicha de tener cinco hembras por barba.