Hablando, hablando, se apoderó de un muchacho que estaba cerca, se lo sentó encima, lo sujetó, y ántes que pudiera volver en sí el chico, ya le habia metido el cepillo con polvos en la boca y le habia dado algunos restregones; el muchacho, entre llorando y riendo, mostraba una dentadura deliciosa.... la gente aplaudia.... y yo me retiré, porque aquel caribe, una vez enfurecido, podia seguir barriendo las dentaduras de todos los circunstantes.

Cuando doblé la esquina, ya habia tres muchachos pelando los dientes, como avisos animados de la mercancía del embaucador.

En la noche tomé uno de los carritos, con mil trabajos, y me dirigí á mi tertulia de los viérnes.

He dicho que cogí el carrito con mil trabajos, porque no obstante haber carros en todas las Avenidas, ménos en la Quinta y en varias calles, y no obstante que en la doble vía se suceden sin interrupcion esos carros, formando líneas en contínuo movimiento, los carros están constantemente llenos, y á ciertas horas son asaltos, aprensamientos y luchas formales las que se tienen que emprender para trasladarse de un lugar á otro, por el módico precio de cinco centavos, en trayectos que pasan de dos leguas algunos de ellos.

El conductor del wagon jamás rehusa viajeros, aunque el vehículo rebose en gente y vayan en racimos en las plataformas y escaleras.

Lleno el número de asientos de cada carro, la gente se coloca de pié dominando á los que van sentados, y se afianza á unos palos que hay en la parte superior del wagon con unas argollas de cuero. Así, la parte excedente, ó va como racimos colgada en un perchero, ó se abre de brazos, y es una preciosa procesion de Cristos la que se presenta á la vista; en el invierno suele la alta temperatura, que en todos sentidos produce la aglomeracion de gente, tener sus atractivos; pero en verano, el rosbeef humano es, bajo todos sus aspectos, desagradable.

La controle de los entrantes y salientes la marcan una especie de horario y minutero en una como carátula de reloj: á cada pasajero que entra, tira el conductor de un cordel, suena una campana y marca el minutero una línea; el horario señala con números los centenares de viajeros.

En uno de los dias de la semana anterior, un solo carro de diez asientos de la Cuarta Avenida, habia conducido mil quinientos pasajeros.

Adviértase que la Cuarta Avenida no tiene en toda su extension el tráfico que la Quinta, la Sétima y Octava; en la Sexta están en movimiento carros de dos pisos; el superior con sus asientos al aire libre y su toldo. Se asciende á ese primer piso por escaleras exteriores á que trepan, las ladies esencialmente, con el mayor desembarazo.