Fidel.

Julio 15 de 1877.—A bordo del
"Plimouth," bahía de Nueva-York.

Antes de escribir los últimos versos del anterior romance, estaba llamándome B*** para que saliese á ver la multitud de vapores, embarcaciones pequeñas y botes que iban cruzando las aguas por donde nosotros bogábamos.

El espectáculo era animadísimo: pescadores, simples paseantes, muchachos audaces, marineros en asueto, familias pobres con sus chicuelos al borde del bote, ó haciendo saltar las aguas en leves glóbulos, poniendo su mano contra la corriente.

A nuestra vista, los remeros levantaban sus remos en señal de respeto; los pañuelos y los sombreros se agitaban, unos chicos enarbolaban sus camisas, y nos saludaban sus mangas desgobernadas....

Anclamos en Brockyn, tomamos por ese laberinto de callejones que miran al Este, culebrean, se embrollan y parecen extenderse cerca de City Hall; pero saltan por su espalda, se enmarañan y complican, desembocando al fin á Broadway, que atraviesan como en fuga para perderse por el laberinto del Weste. La mayor parte de esas calles son como hechas en máquina: todas, las mismas paredes de ladrillo, las mismas hileras de ventanas con sus persianas verdes. Y la parte baja, tendajos, casas de empeño, y grozeries, entre almacenes, fábricas y templos.

Las Tumbas, esa prision pavorosa, con sus gruesos pilares, cuadrada, maciza, como sentada tras de sus hierros, y á medio cubrir con el manto de yerba que cuelga como desgarrado á su espalda.

En un salon colocado inmediatamente á la derecha de la entrada, es donde há lugar el primer exámen de los que caen bajo la accion de la justicia. Llámase "Tombs Police Court," ó "Juzgado de Policía de las Tumbas," y allí toma asiento todas las mañanas un Juez de Distrito que escucha los cargos que presenta la policía contra los arrestados y dispone de la suerte ulterior de éstos. En los casos de menor cuantía, tales como embriaguez, conducta desordenada ó vagancia, aquel magistrado tiene la facultad de imponer multa, sumaria ó prision, ó perdonar la falta.

Las órdenes de encarcelamiento son para el juicio ulterior del reo, por uno de los varios tribunales superiores; pero el único de éstos que administra justicia en las Tumbas, es el Tribunal de Sesiones especiales, ó "Court of Special Sessions." Dos jueces presiden este tribunal, los mártes, juéves y sábados de cada semana, para resolver sobre los delitos de pequeños robos, asaltos y atropellos personales, y otros menores. El conocimiento que dichos jueces tienen de las clases y hasta de los individuos, la mayor parte reincidentes, cuyos desmanes tienen que castigar, les permite apreciar los distintos casos imparcialmente y aplicar el condigno castigo, y si las influencias políticas no se emplearan algunas veces en torcer el curso de la Justicia, esos jueces llegarian á ser el terror de los malvados, purgando en gran manera á la sociedad de los muchos que la infestan, confiados en la impunidad que dicha influencia política les ofrece. Muchos de esos criminales salen de este tribunal para ir á ocupar las celdas ó calabozos; pero la mayor parte de éstos recibe sus huéspedes del Tribunal de Sesiones generales y demás tribunales superiores. La distribucion y arreglo del interior de las Tumbas, en la parte carcelaria, se diferencían poco de los demás establecimientos de su clase, carecen de comodidades y tienen poca ventilacion.