La aglomeracion de presos, no solo perjudica la higiene sino que en lo moral tiene pésima influencia.

Hay once calabozos especiales destinados á los reos de prision perpétua ó pena de muerte. Otros seis calabozos se dedican para compurgar delitos de cierta gravedad, y los seis restantes sirven como de hospital.

En la parte superior hay ochenta y dos celdas. Cada preso cuesta al condado treinta centavos próximamente por su manutencion.

El patio interior que rodea los calabozos, es el lugar en que se aplica la última pena, y aun cuando nada denota el destino que de vez en cuando está llamado á ejercer, la lobreguez que lo domina, las barras de hierro que cierran los estrechos huecos por donde apénas penetran el aire y la luz en los calabozos, al parecer incrustados en las sólidas murallas de piedra gris, y las ideas que naturalmente surgen en la mente del que la curiosidad lleva á aquel sitio, le imprimen un sentimiento involuntario de terror, cada vez que el eco se despierta en aquel lúgubre recinto, al ruido de los pasos.

Las calles angostas y torcidas, la soledad, la suciedad y la basura, dan triste aspecto á esas calles que rodean las Tumbas, que parecen de una ciudad en que residen el hambre y la peste.

La vejez de la mayor parte de estos edificios es espantosa; las falsificaciones de piedra que hacen tan buen efecto cuando las casas están nuevas, se ponen en evidencia: es la costra, es la llaga, es la hérpes en las escaleras, el tumor en las cornisas, el mal de San Lázaro en las puertas y ventanas.

Por allí resulta reja de palo la que se creia pared; más arriba la torre es el costillar de un esqueleto; cuelgan las duelas al suelo; las puertas, las celosías, aparecen como sobrepuestas, como si se quisieran reacomodar sobre un cráneo facciones de otro rostro humano.

Al abrirse un cimiento, se forma ante todo un estanque en seco, que es el basamento; despues se levanta un cono de ladrillo; esa es la cloaca y lo único que sobrevive entre aquella osamenta de astillas, ladrillos rotos, chirlos de papel dorado, pero de un oro sarcástico, terrible, como es terrible un rizo rubio y sedoso flotando sobre un cráneo.

A veces una puerta corrediza da paso á un callejon, despues á un corral coronado de esas habitaciones en alto, habitadas por grupos, por resíduos, por palizadas de gente, por trasformaciones de alacranes, mestizos, sapos y tortugas, que sin perder del todo su forma, pertenecen á la humanidad.

La decadencia del sombrero, la caducidad de la seda, la petrificacion del zapato y la trasmutacion de la piel humana en pellejo, en badana, en corteza y en cuarzo. Yo no he visto nada de más tremendamente hediondo ni espantable que hombres, y mujeres, y cosas, como las que yo percibí en aquella madriguera de la embriaguez y de la calentura perniciosa.