Comí de prisa, porque me esperaban mis amigos Jacinto Gutierrez y Perez Bonald, para tomar un refresco en el Café Delmónico.
Permítanme mis lectores que les presente á mis amigos, y descansaremos despues en el café.
Es el Sr. D. Jacinto Gutierrez y Coll un hombre de cerca de cuarenta años, pequeño de cuerpo, de color moreno, profusa barba y ojos negros y grandes llenos de vida; nació en Venezuela, donde hizo brillantes estudios, completó su educacion en Paris, donde estuvo como secretario de la legacion de su país, encargado de negocios, y desempeña actualmente en Nueva-York el Consulado general de Guatemala.
El Sr. Gutierrez es notable poeta: nutrido en la escuela francesa, debe á ella sus bellezas y sus defectos; es correctísimo, pule con amor sus frases y las redondea con delicadeza exquisita, engastando en ellas joyas de valía, hasta ser como una filigrana, cuajada de piedras preciosas, cada una de sus composiciones.
La patria, los íntimos dolores del alma, el amor, forman las cuerdas más preciosas de su lira.
Habla con pasion; de su entendimiento concentrado se lanzan relámpagos de fogosa elocuencia por intervalos; y á la claridad de esos relámpagos, se percibe la lucha del poeta con el filósofo y el escéptico.
El Sr. Perez Bonald es un hombre de treinta y cinco años, venezolano tambien, alto, blanco, de frente despejada, insinuante y afable.
El Sr. Bonald está dedicado al comercio, sus ocios los entrega á la literatura y cultiva con muy buen éxito la poesía.
Posee varios idiomas, y entre ellos el aleman, con notable perfeccion. La dote más sobresaliente de su alma, es la admiracion por el ajeno mérito. Exento de toda pretension, ignorante con sinceridad de su elevado mérito, hizo culto de su cariño á Heim, y el gran poeta ha tenido un intérprete fiel de sus inspiraciones singulares.