No ha de oprimir jamás.

Mas al punto un aroma preciosísimo

De incienso, comenzóme á circundar,

Y el eco me arrulló de blanda música

Que ahuyentaba del seno todo afan.

"Desdichado," clamé, "el Señor benéfico

Te envía con sus ángeles la paz:

Apura, apura el delicioso bálsamo,

Y cese tan contínuo lamentar;

Olvida para siempre á tu Felícitas...."