Gritó el cuervo: "Jamás."

"Profeta de dolor, inmundo oráculo,

Ministro aterrador de Satanás,

Ora te envíe Belcebú del Tártaro

Y te arrojara aquí la tempestad

Para engañarme con falaz pronóstico,

O el destino infalible revelar,

"Dime," exclamé, "por compasion á un mísero

Responde: ¿tendrá término mi mal?

Yo te conjuro por tu dios: respóndeme,"