Bachiller es un jurisconsulto eminente y un literato distinguido; en la Habana, su patria, hizo sus estudios y desempeñó puestos importantísimos; su erudicion es vastísima y su criterio luminoso y seguro.
Pero aparte de sus clarísimos talentos y de sus obras científicas y literarias de exquisito mérito, sobresalen en Antonio dos cualidades que mis lectores me dirán si no son perlas y diamantes para los que tenemos la fortuna de ser sus amigos.
Allá va la una. Es un amor á México que llega al fanatismo, como debe ser el amor: mucho sentimiento y mucho anhelo por el bien de la persona amada.
Antecedentes de familia, reminiscencias muy queridas para mi amigo, fomentan y robustecen aquella pasion por México.
Posee en su archivo curiosidades de nuestra historia, anda perpétuamente á caza de noticias y periódicos de México, y constantemente se halla en correspondencia con personas notables de nuestra patria, comunicándoles cuanto cree que puede contribuir á su bienestar y adelantamiento.
Cuando en 1842 salió de México el eminente poeta Rodriguez Galvan para no volver á su patria jamás, yo, que conocia de nombre al Sr. Bachiller, por haber hablado de mis versos en El Diario de la Marina, le recomendé á mi malogrado amigo, que debia pasar por la Habana: allí cayó enfermo y murió Rodriguez.
Bachiller fué un amigo y un padre para Rodriguez, le abrió las puertas de su casa, tratándole como de su familia, lo relacionó con los más eminentes literatos, esencialmente con Milanés, quien le leyó su "Conde de Alárcos," y de quien son los lindísimos versos que yo atribuí á Turla equivocadamente, al tratar de mis impresiones de Orleans, y cuando enfermo y en su muerte le llenó de cuidados, prodigándole generoso toda clase de auxilios.
Mi gratitud á Bachiller por todos estos antecedentes, la hice sensible en relaciones cariñosas y no interrumpidas, durante más de treinta años en que yo no he dejado de recibir atenciones de tan cumplido caballero.
Ardia la casa de Bachiller en impaciencia por mi llegada; el finísimo Dr. Landeta se preparaba á hacer los honores de la casa con la exquisita elegancia que tiene de costumbre. Néstor Ponce tenia lista cerveza suprema, y las señoras se disponian á celebrar mis sorpresas por los guisos al estilo de mi tierra, y los dulces deliciosos que recuerdan la especialidad que para postres y reposterías tienen nuestras mexicanas.
Parece que veo el cuadro. Bachiller, sosegado y dulcísimo, con su leviton de lienzo, rodeado de sus preciosos y juguetones nietecitos, que me recordaban á los mios.