—Hazme favor, Juanillo, de reprimirte, dijo Estéban; hazme el favor, porque á la tierra que fueres, haz lo que vieres.

—Y de edificios verdaderamente notables, ¿qué me cuentas? pregunté á Francisco.

—Que el Correo, la Aduana, y la Casa de Moneda, son muy hermosos.

El Correo está concluyéndose y ya sorprende su magnificencia. El extenso patio es de mármol azul, las paredes de mármol blanco, la torre que corona el edificio tiene 450 piés de alto, ó sean ciento treinta varas, es decir, más del doble de las torres de la Catedral de México.

La Aduana es una copia del Partenon de Aténas, y la Casa de Moneda, de mármol blanco y construida del órden jónico, es admiracion de los artistas inteligentes.

—La vez que más me detuve en esta ciudad, dijo D. Estéban, no visité esas maravillas por ver el Asilo naval, ó sea hospital para marineros inválidos.

Hay dos arsenales, el uno para la construccion de vestuario para el ejército, y el otro para la fabricacion de municiones, siendo de advertir que este es el más grande depósito de pólvora de los Estados-Unidos.

—Siento que no veas la Penitenciaría. Su aspecto te inspiraria una leyenda, porque tiene la forma de un castillo feudal.

El sistema adoptado es de separacion de celdas, no de aislamiento, aunque el aislamiento se modifica cuando está muy llena la prision, de modo que estén á la vista y sin molestarse, dos presos en cada calabozo.

El prisionero está provisto de útiles y material para un trabajo moderado, y tiene permiso para hablar con el capellan, sus celadores, y los oficiales de la Penitenciaría, pero no con sus compañeros de prision.