—Dejemos, si te parece, mercados, templos y bancos, interrumpió D. Juanito; los templos son cerca de trescientos, los mercados bien surtidos y los bancos riquísimos. Todo eso lo traigo en la punta de los dedos; pero háblame tú á la europea, no olvides que mi pasion es Paris. ¿Qué hay de teatros?
—Pues creo que no te disgustaria el de la Academia de Música, que tiene asientos para más de tres mil personas.
—Poca cosa, chico, poca cosa; en Paris hay por centenares de esos teatros.
—Juan, contente.... porque te pasas de la raya.
—Sobre que cada parisiense vale por tres yankees: hay, además, el teatro de la Calle del Arco, el de la Opera, el Central.
—¿Y respecto á librerías? pregunté á Francisco.
—Abundan, así como las Galerías de Artes. En primer lugar, se cuenta la Biblioteca de Filadelfia, instituida por la influencia y bajo los auspicios de Franklin, que tiene 100,000 volúmenes.
Doce mil volúmenes más encierra la librería mercantil.
La de los Aprendices, la del Ateneo, la Alemana, están perfectamente surtidas de libros especiales, y no menciono librerías pequeñas, porque seria cosa de estarnos inventariando bibliotecas toda la noche.