Lo verdaderamente admirable, se interrumpió Francisco con cierto entusiasmo, es la Academia de ciencias naturales; posee y exhibe en salones espléndidos colecciones riquísimas, que se aumentan dia por dia, de zoología, ornitología, geología, mineralogía, conchología, etnología, arqueología y botánica. Agassiz afirma que hay más de 250,000 muestras, y que es la más variada y hermosa coleccion de objetos de ciencias naturales de cuantos existen en el mundo.
—A mí, dijo D. Estéban, me agradó mucho, cuando lo ví, el Instituto Franklin para fomentar la mecánica y las artes útiles. Posee el Instituto una biblioteca numerosa y escogida, y los sabios dan allí lecciones al público, sobre ciencias.
—Con nosotros habian de dar, dijo Juanito; vaya vd. á reducir á nuestra raza á que cultive el gusto de los sermones.
—Amigo, dije yo, para eso nuestros sabios; dicen que son prodigios, cuando se paga á un médico ó cuando despabilan media fortuna como resultado de un pleito; pero esas becas de gracia, concedidas á los jurisconsultos; esas asignaciones á la agricultura; esos aparatos científicos, no han valido al pueblo, sino pocas veces, estoy por decir que ninguna, una leccion sobre el uso de la garrucha, acerca de los derechos del hombre; nada.... cuando más se dignan los sabios censurar.... aunque peguen cada rebuzno cuando abren los labios, que atarante....
—La Academia de Bellas Artes, continuó Francisco sin fijarse en mi charla, es del estilo gótico; en extensísimos salones de rasgadas ventanas hay galerías de pintura y escultura muy valiosas, y modelos traidos de Francia é Italia á todo costo; los trabajos están perfectamente distribuidos; es prodigioso el número de alumnos, y muchos se hacen notables por su aprovechamiento.
D. Juanito dormia en el hombro de D. Estéban; Francisco, que es poco afecto á la conversacion con personas desconocidas, se bajó hasta la punta de la nariz la visera de su cachuchilla, y yo seguí en vela en el wagon, aburrido y asendereado, esperando con ansia que llegase la luz.
Pero quiten vdes. de ahí, si la noche era como el alma de Judas de negra, y la lluvia repicaba que era un contento en los cristales del wagon....
De pronto paró el tren; serian las once de la noche; yo creia que habia ocurrido alguna desgracia. Era simplemente arreglar la locomotora para que atravesase el tren un costado de la ciudad. Antes se atravesaba ésta, tirados los wagones por caballos.
Al fin, por media hora cesó el ruido y cesó el movimiento que me traia desencajados los huesos.