Francisco me sacó á la plataforma del wagon; pero, repito, el cielo era de bronce, y de ébano la oscuridad en que estábamos encerrados.

Algunas luces dispersas, como aves refugiadas de la tempestad, se veian pegadas á altísimas vigas y á cornisas gigantescas sin duda.... aquello, segun congeturaba, era una estacion.

A cada uno de los fugaces, pero rapidísimos relámpagos, como que brotaba sorprendente la gran ciudad con sus calles, sus cúpulas, sus torres, sus macizos de árboles y su conjunto inmenso; yo, en aquellas apariciones súbitas, le ponia nombre á lo primero que veia, segun las reminiscencias de mi guía. Aquel, le decia yo á Francisco, debe ser el Hospicio de Pobres, que dizque lo forman cuatro edificios espaciosísimos, que ocupan diez acres de tierra.

Los relámpagos seguian, y con ellos mis extravagantes congeturas.

—De fé, le decia yo á Francisco, aquellos dos edificios son el Colegio de ciegos y el de Sordo-mudos.

—Nada de eso: lo que señalaste es el Hospital de locos, donde mereciamos tú y yo estar, por hacer viajes á vista de relámpago.

—Pues, mira, estoy cierto que aquellas que nos parecian inmensas murallas, son el Gran Parque de Filadelfia (Fairmount Park).

—En efecto, atinaste por casualidad. Ese parque tiene una extension de 2,740 acres. Se extiende por una y otra ribera del rio Schukill y de Wissahickon Creek, por más de 13 millas. Contiene muchas bellezas campestres, más dignas de una hacienda que del parque de una gran ciudad.

Los cuatro depósitos de agua que se ven en aquel parque, para surtimiento de la ciudad, son admirables; la represa para la formacion de esos depósitos tiene 16,000 piés de largo; el agua se hace subir hasta la cima del monte, por medio de ruedas y bombas.