—Dígame vd., Mariano, qué hay sobre tal materia, porque si no, invento y sale una sarta de barbaridades que entuman.
Bárcena ríe, me hace con suma paciencia luminosas explicaciones, y salgo de su cuarto, echando chispas de entendido y hasta de sabio.
Cuando volvió de la Exposicion de Filadelfia, le asalté, y sin más ni más, le pedí sus apuntaciones. (Hablando así, tomé unos papeles de mi bolsa de viaje).
—Sr. Prieto, todas están en desórden; pedazos de papel por aquí, cálculos de lápiz por acullá.
Y solo íntegro lo relativo á su informe oficial, muy ordenado y pronto á presentarse....
—¡Hombre de Dios! ¿por qué es vd. tan árido? Yo venia buscando lo que ha encontrado vd. adaptable á México.... vd. pensará, yo charlaré, y al último, vulgarizaremos los dos los conocimientos.
—No crea vd., me dijo mi sabio amigo, que he descuidado lo que vd. me dice, ni que me he olvidado de vd.; pero ya vd. ve que tengo muy poco tiempo disponible: en prueba de mi buena voluntad, vea vd. esta carpeta.
Ví la carpeta, y con mucha satisfaccion mia, leí que decia: "Para platicar con el Sr. Prieto."
Sin esperar razones, me apoderé de la carpeta, que contenia una porcion de apuntaciones escritas con pluma y con lápiz.