—Eso que está ahí escrito interesa muchísimo á nuestro país.
—¿Qué cosa?
—Las bombas. Léame vd., Sr. D. Mariano.
—Las bombas, continuó mi complaciente amigo, se encontraban funcionando en un vasto estanque que se hallaba en el mismo edificio de la maquinaria: habia algunas de gran poder, propias para minas. Se recomendaban entre otras las de Blake, Hardik, Kowles, etc.
Las automáticas de Sloushour, las movia un hombre muy fácilmente, dando impulso oscilatorio á una palanca: pueden servir para sacar agua de acequias y canales, para practicar riegos, etc., etc.
Todas las máquinas funcionando á la vez, producian bosques de chorros, laberintos de corrientes, capelos, abanicos, lluvias, polvo de plata y todo lo que la imaginacion de vd. puede concebir.
—Precioso, preciosísimo es eso, le decia yo á mi amigo, y de muy fácil aplicacion.
—Por supuesto que no faltarian amigos del trabajo, que dijeran que quedaban con todo esto brazos ociosos.
—Para eso, atenerse á la uña para excavaciones, y á los buches para trasladar el agua de un punto á otro.