Es gigantesco el edificio, todo de mármol blanco, deslumbrador de riqueza y hermosura. En cuanto á las particularidades de la vida de Girard, cuya memoria es tiernamente amada en Filadelfia, poco puedo decir á vd.
Entretenidos con las anteriores pláticas y lecturas, no advertimos siquiera cuando pasamos por Washington, capital de Delaware, en cuyo hermoso astillero se construyen afamados buques.
El conductor anunció que pasábamos por Baltimore, y despertó Juanito, que habia dormido, como en lo general duermen los tontos, es decir, perfectamente.
Don Juanito se habia quedado dormido precisamente leyendo las Guías de Baltimore y Washington, de suerte que pudo ostentar conmigo su erudicion, con aquella prosopopeya y aquel aplomo con que se proponia aturdir á sus admiradores, al regreso á la patria.
—Ahí tiene vd. una de las ciudades más importantes de los Estados-Unidos, á la orilla del rio Patapso, con una de sus entradas en la Bahía de Chesapeake, como quien dice, tocando con la mano el Atlántico, que está á ménos de cinco leguas.
Como si para esta gente no bastase con tantos elementos de grandeza, hay un arroyo que se llama Jones Falls, que corre apacible por el medio de la ciudad, la divide en dos partes y la hermosea y fecundiza.
El puerto es amplio, seguro como un baúl y tan defendible, que pudo resistir el terrible bombardeo de 1812.
—Muy bien, Juan, estoy contento de escucharte, le dijo D. Estéban.
—Como que pienso, continuó D. Juanito, imprimir mis Viajes en cuanto llegue á mi país.
—Entónces comenzarás refiriendo la fundacion.