Pero yo de lo que conservo apuntaciones, continuó Francisco, es del gran monumento de Washington, construido en la grandiosa plaza de Mont-Vernont, que es el más notable de su género que he visto en mi vida.

Está situado el monumento á más de treinta y tres varas sobre el nivel del agua: su base es de diez y seis varas poco más, y siete varas de altura, y sostiene una esbelta columna dórica de cincuenta y nueve varas, sobre la cual se eleva una estatua colosal de Washington, de más de cinco varas de altura, de manera que la total elevacion del monumento es de ciento cuatro varas sobre el nivel del rio. Está construido de ladrillo, con revestimento de mármol blanco, y costó doscientos mil pesos.

Desde la balaustrada del monumento se disfruta una vista deliciosa: la ciudad con sus mil torres, cúpulas y columnas, se distingue entre sus verdes arboledas; el puerto, lleno de embarcaciones, se extiende á la vista; cruzan los rios alegres sementeras y se ven á sus orillas quintas preciosas; el tráfico activísimo, á todo comunica animacion y aspecto de contento.

En estas conversaciones, y al vislumbrar la luz, tocábamos en Washington, y teniamos á nuestra disposicion tres horas para dar un vistazo á la ciudad.

No obstante no ser ni accidentado el viaje de Nueva-York á Washington, ni los carruajes incómodos, ni la concurrencia desagradable, el trayecto me estropeó, acaso porque la noche anterior la habia pasado sin dormir y lleno de fatiga y emociones.

Francisco, que habia estado varias veces en Washington, lo mismo que mis dos amigos, tenian más gana de dormir y de desayunarse, que de servirme de instructores. Por otra parte, bien á bien no amanecia, y no pude disfrutar de la vista de los alrededores de Washington y de las estancias elegantes de próceres de todas las naciones, en que se hermanan las grandezas palaciegas con la imitacion de los paisajes y de las estancias campestres. Esto lo sentí más, despues de haber oido la magnífica descripcion de estos sitios, por Manuel M. de Zamacona.

PARÉNTESIS

Habia hace años en mi tierra un diputado tan amigo de que no se perdieran en el olvido sus discursos, que cuando cerrada una discusion no le tocaba la palabra, al siguiente dia, en el periódico que tenia más á mano, iba publicándose, como corriendo tras de sus lectores, el discurso que debió haber pronunciado el diputado H***, con tal motivo: creíase que no habia más allá en materia de candor y amor propio; pero los que tal pensaron se llevaron chasco, porque un espúrio del Parnaso, siempre que no podia hablar en un convite, insertaba á vuelta de hoja en un periódico: "Improvisacion del C. Verso-Cojo, con motivo de tal solemnidad, etc., etc."

De ese jaez es el presente paréntesis: son apuntaciones hechas con el propósito de aprovecharlas en un proyectado viaje por la Nueva Inglaterra, viaje que no pude realizar; y como un diputado y un poeta me habian dado un buen ejemplo, yo no quiero ser ménos, y por nada de esta vida me quedo con mis apuntaciones en el cuerpo. Allá van: