—Sábete, dije á Francisco, que he venido á ver lo que me parecia un chiste de mi maestro Cardoso; es decir, una ciudad en el campo: me parece que voy andando por los alrededores de Mixcoac ó San Angel.
—Deja que torzamos esa esquina, y ya hablarás de otra manera.
En efecto, á pocos pasos tocábamos en la grande Avenida de Pensylvania, dilatadísima calle, sombreada por frondosísimos árboles. La avenida tiene una extension de setenta varas, poco más, de amplias banquetas y pavimento sólido y terso como una sola losa.
—Ese es el famoso asfalto de Neuchatel.... Vuelve por aquí, dijo Francisco.
Aunque á gran distancia, es decir, á mil quinientas varas, percibí en medio de arboledas, descollando gigantesco y estupendo, el Capitolio. Rodeábalo y perfilaba su elegante cúpula el sol naciente, y salia de entre la verdura como en ascension fantástica.
Como al flotar bajo el cielo azul, en el éter purísimo, distinguia un primer semicírculo de altísimas columnas, como la mitad de un inmenso circo ceñido por salientes cornisas, base y engaste de otro semicírculo más recogido, tambien con sus columnas y con ventanas interiores que se destacaban con la vivísima luz del sol, calando y cincelando la primorosa arquitectura....
La segunda columnata como que la ciñe afiligranado anillo con huecos como calado exquisito, y de allí arranca en gajos, el cierre de la cúpula, cuyo remate es una linternilla en forma de delgados, pero esbeltísimos pilares, que sustentan una peana, sobre la que se enseñorea triunfal y poderosa la estatua de la Libertad.
Francisco me dejaba gozar en silencio mis impresiones y detenia sus pasos, miéntras yo hacia mis apuntaciones, advirtiéndome prudentemente con ver el reloj, que teniamos poco tiempo disponible.
Aunque los árboles, los sembrados, las mil flores y los edificios eran para distraerme, yo, con los ojos hácia el Oriente, caminaba y estaba en el centro del parque hermosísimo, que rodea esa parte del Capitolio y se cuida con particular esmero.
A medida que ascendia el terraplen que lleva á las primeras gradas del monumento épico, éste iba como saliendo de entre las ramas y apareciéndoseme en toda su majestad.