Subí la primera escalera y me encontré como sobre una muralla ó talus, desde donde comenzaban á dominarse los alrededores: despues de la segunda escalinata, ya se tiende la vista sobre campiñas y vegas deliciosas, se perciben columnas y agrupamientos de casas y grandes edificios aislados al Norte, miéntras en la parte Sur el campo, los árboles y las aguas se esparcian en festin alegre, recreando los sentidos.

Aunque no me encontraba convenientemente colocado para contemplar el conjunto del grande monumento, admiré el pórtico saliente y de estilo griego que se acentúa en la medianía de dos extensas alas con sus grandes ventanas en la base, columnas y cornisas soberbias en la parte superior.

Muros y columnas son de mármol blanco; pero con tal primor pulimentado, que compite en brillantez y hermosura con el cristal. Todos los fustes de esas columnas de diez varas, son de una sola pieza.

Penetré, pues, al Capitolio y me encontré en lo que se llama la rotonda, es decir, bajo la inmensa cúpula cuya elevacion sorprendente la hace augusta y la reviste de especial magnificencia.

Los rayos del sol que caian como desprendidos de la reverberacion de los cristales, la luz que corria y como que se precipitaba de las rasgadas ventanas y las magnificencias de la arquitectura, me tenian absorto.

En el gran salon octágono que está abajo de la rotonda y que no tiene mueble ni adorno que llamase mi atencion, se ven algunas pinturas de mediano mérito, que, no obstante, contienen brillantes páginas históricas.

Esas pinturas, que recuerdo en desórden, porque no tengo á mano la Guía ni tiempo para buscarla, representan:

La declaracion de Independencia, con los retratos de cuerpo entero y excelente parecido, segun la voz general, pero que no merece mucho crédito despues de trascurrido tanto tiempo.

La rendicion en Saratoga del general inglés Burgoque, en 1777.

Rendicion de Cornwallis, en Octubre de 1781.