Estaba al frente de la opulenta Avenida de Pensylvania: dos líneas de verdes, juveniles y arrogantes árboles, marcaban la amplísima calle; de entre las copas de los árboles parecian salir los edificios á admirar el Capitolio, engalanados como para formarle desde léjos cortejo respetuoso.

A mi derecha distinguia varios edificios suntuosos: Francisco, conociendo mi deseo de informarme sobre lo que veia, me decia:

—Ese edificio en que te estás fijando, ocupa toda una manzana, ¿Ves su extension de 300 piés? Es el Correo. Costó 1.700,000 pesos.

El que está un poco más léjos, mediando solo el ancho de una calle, es el Ministerio del Interior. ¿Le ves blanquear? Es de mármol, como el Correo: contiene la famosa oficina de patentes, 120,000 modelos de distintas invenciones, distribuidos en cuatro salones inmensos. Allí se conservan con veneracion las prensas de Franklin. Ese edificio se incendió en 1836, destruyéndose los modelos acumulados en cerca de medio siglo; de suerte que el número de modelos que existe, es de 1836 á la fecha.

—Esto prueba que en materias de invencion, estos hombres les dan la debida importancia. El Ministerio del Interior funge á modo de nuestro Ministerio de Gobernacion, y tiene á su cargo lo relativo á los indios, las tierras públicas, y como hemos indicado, las patentes de invencion.

Ahora ponte de frente, como quien ve el término de esta Avenida de Pensylvania.

El inmenso edificio de granito que tienes delante es el Ministerio ó Departamento del Tesoro. Es una copia su arquitectura del templo de Minerva: lo dirigió Walter, arquitecto del Capitolio. En él se fabrican parcialmente los greenbacks ó billetes de papel moneda; las labores de toda clase de ese Ministerio dan ocupacion á muchísimos empleados, entre ellos 800 mujeres que tienen generalmente sueldos de cien pesos y que han observado conducta irreprensible. La existencia que ahora tiene la bóveda para el oro, es de diez millones de pesos, entre monedas de este metal y certificados de depósitos existentes entre otras oficinas. El edificio consta de doscientas piezas.

—Ese edificio que está un poco atrás blanqueando entre los árboles, ese sí lo conozco, por la exactitud de las estampas que he visto, dije á Francisco. Esa es la Casa Blanca.

—En efecto, continuó Francisco, esa es la residencia del Presidente de la República; el edificio es modesto, aunque está amueblado interiormente con bastante lujo.